El Dramaturgo Solista: Aventuras y Desventuras de un artesano Polifacético
Cuando el dramaturgo se convierte en el protagonista de su propia obra, y además, el actor es solista y lleva una parte de la producción supervisando música, vestuario, marketing y hasta la venta previa, las cosas se ponen interesantes. Porque, seamos honestos, ¿de qué sirve crear algo si luego no se vende? Es un error pensar que solo por crear algo genial, se va a vender solo.
Hago esta introducción para contarles que estoy en pleno periodo de memorización. Y, claro, me doy a mí mismo una caña que ni el teniente Dan mezclado con el sargento de hierro me daría.
Preparativos y Disciplina
Estrenamos el 4 de octubre, y pretendo tener la obra lista para el 4 de septiembre por si surgen imprevistos. Para lograrlo, uno tiene que presionarse, levantarse a las seis de la mañana para salir a correr. Según mi director de cabecera y padre teatral, Lluis Elias, soy un "actor atleta". ¡Pero con este calor es imposible! No hay manera de cerrar el ojo ni de descansar; me sudan las pantorrillas, la espalda está al punto de ebullición sobre el colchón y así uno va de cabeza todo el día. Intento convencerme diciendo: "Tranquilo, estamos en agosto, ya pasará el calor. Relájate, solo te quedan siete hojas para memorizar toda la obra. No te pongas nervioso, ya correrás otro día cuando logres conciliar el sueño a las cero cero cero cero o'clock."
La Vida Cotidiana y la Memoria
Luego viene lo más maravilloso, lo doméstico. Esas tareas cotidianas que me pone los pies en el suelo, como hacer la lista de labores. Vas al supermercado, y mientras compras, vas repasando el texto. Llegas a casa y te das cuenta de que se te han olvidado la mitad de las cosas. Es para echarse a llorar. Memorizar se lleva el noventa por ciento de mis neuronas. ¡Estoy todo el día realizando el viaje de Ulises de arriba a abajo y no tengo manera de llevar una vida normal!
Y ya está, ya lo he dicho. Ahora a estudiar




