viernes, 2 de agosto de 2024

Solo ante el texto

 


El Dramaturgo Solista: Aventuras y Desventuras de un artesano Polifacético

Cuando el dramaturgo se convierte en el protagonista de su propia obra, y además, el actor es solista y lleva una parte de la producción supervisando música, vestuario, marketing y hasta la venta previa, las cosas se ponen interesantes. Porque, seamos honestos, ¿de qué sirve crear algo si luego no se vende? Es un error pensar que solo por crear algo genial, se va a vender solo.

Hago esta introducción para contarles que estoy en pleno periodo de memorización. Y, claro, me doy a mí mismo una caña que ni el teniente Dan mezclado con el sargento de hierro me daría.

Preparativos y Disciplina

Estrenamos el 4 de octubre, y pretendo tener la obra lista para el 4 de septiembre por si surgen imprevistos. Para lograrlo, uno tiene que presionarse, levantarse a las seis de la mañana para salir a correr. Según mi director de cabecera y padre teatral, Lluis Elias, soy un "actor atleta". ¡Pero con este calor es imposible! No hay manera de cerrar el ojo ni de descansar; me sudan las pantorrillas, la espalda está al punto de ebullición sobre el colchón y así uno va de cabeza todo el día. Intento convencerme diciendo: "Tranquilo, estamos en agosto, ya pasará el calor. Relájate, solo te quedan siete hojas para memorizar toda la obra. No te pongas nervioso, ya correrás otro día cuando logres conciliar el sueño a las cero cero cero cero o'clock."

La Vida Cotidiana y la Memoria

Luego viene lo más maravilloso, lo doméstico. Esas tareas cotidianas que me pone los pies en el suelo, como hacer la lista de labores. Vas al supermercado, y mientras compras, vas repasando el texto. Llegas a casa y te das cuenta de que se te han olvidado la mitad de las cosas. Es para echarse a llorar. Memorizar se lleva el noventa por ciento de mis neuronas. ¡Estoy todo el día realizando el viaje de Ulises de arriba a abajo y no tengo manera de llevar una vida normal!

Y ya está, ya lo he dicho. Ahora a estudiar



jueves, 1 de agosto de 2024

ULISES EN TREN

 


¡La Aventura de Ulises: Un Viaje en Tren que no Olvidaré!

Estamos con los ensayos del próximo montaje de "Ulises". En realidad, hace un año y dos meses ya hicimos la foto en Barcelona con David Ruano. Es decir, llevamos con el proyecto dos años. Nada nuevo en el horizonte, otros espectáculos se han macerado durante una década. Sí, aún estamos lejos de la voracidad consumista.

Después de irme por las ramas, vuelvo al tema. Ayer tuvimos la prueba de vestuario en Madrid con Tatiana de Sarabia, nuestra estilista y diseñadora. Como me estoy metiendo entre pecho y espalda treinta y dos páginas de texto, decidí ir en tren para poder estudiar. Además, me saqué los billetes en primera clase, sección confort. Mi sorpresa fue que el confort de quien me sacó los billetes desde la agencia de El Corte Inglés pensaba que era estar en uno de esos sillones en los que se comparte mesa. Y así fue.

En frente mío, un bote de cerveza a las ocho de la mañana. Detrás, un señor de no menos de cincuenta y cinco años, con el pelo teñido y unas bermudas blancas, con las que podia mostrar sus pantorrillas depiladas, y un polo de esos del caballo con ginete, en realidad quería aparentar tener veinticinco. A mi lado, un simpático caballero con su chaqueta. Sí, con chaqueta, ayer treinta y uno de julio en plena ola de calor.

El caso es que, por culpa de una señora que necesitaba un bolígrafo y la amabilidad de mi acompañante el friolero, que amablemente le ofreció el bolígrafo que estaba utilizando, se desencadenó una conversación entre el cincuentañero con aires adolescentes que bebía cerveza y el friolero, un diálogo de padre y muy señor nuestro. Yo intentaba estudiar el episodio del cíclope, pero la conversación entre ellos me distrajo enormemente ya que mediante preguntas, descubrían quién la tenía más gorda (la cuenta bancaria, claro está).

El momentazo fue cuando el friolero dice que facturaba siete millones de euros y yo, un juglar, pensaba: además de dinero, tienes frío. El cincuentañero, cervecero con aires adolescentes, al oír la cifra le echó la mano como un caballero, se levantó y fue a por otra cerveza, supongo que había que celebrarlo. Llego con su bote en la mano y tiró el bote vacío en la basura que estaba a mi izquierda pegado a la ventana y mi sorpresa fue que ya no cabían más botes. Según mis cálculos visuales, se iba a chupar el cuarto bote a las ocho y treinta y siete de la mañana. No me extraña porque, según dijo, cobraba al mes ciento ochenta mil euros y eso es para estar celebrándolo constantemente, el hombre estaba feliz.

Yo, que elegí confort para estudiar, no podía abstraerme de aquella conversación de machos adinerados. Por cierto, el friolero tenía treinta y siete años, cuatro hijos y estaba felizmente casado. Sí, me enteré de todo. Llegamos a Madrid y, por no sé qué cosa, me preguntan a qué me dedico. Yo, con una coleta, una camiseta desteñida, bermudas y unas chanclas, que durante hora y media estaba intentando leer un libreto de teatro, les espeté: "Hoy voy a hacer una prueba de vestuario para mi próxima obra, mañana no se cual será mi vida". El cincuentañero con aires adolescentes, después de cuatro cervezas, me suelta: "Normal, con esa pinta de bohemio que tienes".

Sí, con esta pinta y con cuarenta y cinco años, con un té en el cuerpo y sin ninguna cana ni entradas, más lustroso que un sol radiante de primavera y un cuerpo terso, feliz y contento. ¿Cuánto dinero cuesta eso? Seguro que ninguno de los dos tiene el suficiente como para pagarlo. Por supuesto, esto no lo dije, pero lo pensé. 

Moraleja, la zona confort del tren iguala niveles sociales 

Por cierto, el vestuario muy bien, gracias.